Aldia

 

LA TRANFIGURACIÓN

Juan era un niño que vivía en un campo. En la escuela vio un gran póster del circo que iba a actuar en la ciudad. Cuando llegó a casa le dijo a su padre: Papá, ¿puedo ir al circo el sábado? Si haces todas tus tareas a tiempo, podrás ir, le contestó su padre.

Llegó el sábado, las tareas hechas y vestido de domingo, el padre sacó unos euros del bolsillo y después de darle mil consejos le dejó ir a la ciudad.

 

PROBADOS: LAS TENTACIONES

Un ingeniero construyó un puente para que el tren atravesara un río anchísimo. Terminado el puente, mandó colocar en medio del puente unos vagones cargados con todo tipo de materiales pesados y ordenó que permaneciera allí 24 horas.

Uno de los obreros le dijo: ¿Quiere usted hundir el puente? No, le contestó, quiero demostrar que, a pesar de semejante peso, el puente no se hundirá.

 

Sapientia cordis. «Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies»  (Jb 29,15)

Queridos hermanos:

Con ocasión de la XXIII Jornada Mundial de Enfermo, instituida por san Juan Pablo II, me dirijo a vosotros que lleváis el peso de la enfermedad y de diferentes modos estáis unidos a la carne de Cristo sufriente; así como también a vosotros, profesionales y voluntarios en el ámbito sanitario.

El tema de este año nos invita a meditar una expresión del Libro de Job: «Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies» (29,15). Quisiera hacerlo en la perspectiva de la sapientia cordis, la sabiduría del corazón.

YO NO SOY CHARLIE

No, yo no soy Charlie y nos choca ver a Mahoma como una boñiga con turbante o a Benedicto XVI sodomizando niños. No es cuestión de tolerancia o librepensamiento: el insulto es una violencia. Charlie murió por haber minimizado los riesgos del Islam radical. Pensó que por vivir en un país cristiano podía insultar de forma segura. Yo no soy Charlie, pero soy cristiano. No he pensado ni por un solo instante que tenían que morir, o que habían encontrado lo que merecían. Paz a sus almas y que Dios les acoja, si ellos quieren, en su misericordia. Pero yo no soy Charlie». Yo sólo soy cristiano.

Por eso condeno esta matanza, al tiempo que leo con agrado a los que tienen la lucidez de condenar los execrables atentados que han acabado con estas vidas, y tienen la libertad de denunciar también la violencia que entraña siempre el insulto, el desprecio, la mofa, la ridiculización, la blasfemia, todo lo que injustamente hiere hasta la ofensa los sentimientos y las creencias de las personas que los tienen y las profesan, porque esto a su modo también es violencia.

Hay gente que está siendo asesinada por estos fanáticos extremistas por tener sencillamente un nombre cristiano, una fe cristiana, una vida cristiana. En Siria, Afganistán, Nigeria, Libia… matan a cristianos, secuestran a niñas cristianas, expulsan a cristianos de su tierra, roban sus casas y sus iglesias, sin que casi nadie de Occidente lo denuncie, ni se hagan conjuras intergubernamentales, ni se convoquen manifestaciones callejeras, ni se lloren a los que inocentes de toda provocación y ofensa, son masacrados sencillamente por ser diferentes, por ser cristianos sin serlo contra nadie.

Mons. Jesús Sanz Montes

 

Presentación del Señor. Jornada de la Vida Consagrada (2 de febrero)

Padre de bondad que en los cielos estás.

Es momento de comunión, de sentirnos tocados por el misterio celebrado.

Es hora de darte gracias, porque has estado grande con nosotros.

   
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