DOMINGO DEL BUEN PASTOR

Estaban unos bomberos apagando un fuego en el bosque cuando uno de ellos encontró un pájaro carbonizado en su nido. ¡Qué raro!, pensó. ¿Por qué no escapó del fuego? ¿Por qué no echó a volar?


Cuando cogió el pájaro vio cinco pajaritos recién nacidos. La madre los había protegido muriendo para que ellos tuvieran vida.


Nosotros, ustedes y yo, nos hemos quedado en el nido, en el redil del Buen Pastor, pero nuestros hijos no han sobrevivido el incendio cultural posmoderno que los ha devorado.

“Tengo otras ovejas que no son de este redil también estas las tengo que traer y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo Pastor”.

Declaración hermosa y sueño mágico. La realidad es que cada día son más las ovejas que no pertenecen al redil del Buen Pastor.

Por esa razón la palabra evangelización, la nueva evangelización, suena con más fuerza en la Iglesia. El Papa Francisco habla continuamente de la Iglesia en salida, de la Iglesia siempre abierta, de la Iglesia hospital que cura las heridas de las ovejas perdidas, de la Iglesia oasis de misericordia y no fortaleza de severidad. La Iglesia abierta a todos porque el evangelio es para todos.

Nosotros los que aún celebramos la Eucaristía domingo tras domingo, nos hemos quedado en la Iglesia, sabemos que Jesús, el Buen Pastor, se dejó carbonizar por la maldad de los hombres para que nosotros tengamos vida y vida abundante.

Nuestros hijos, cobijados bajo el paraguas de Google, no quieren ser de este redil. Esta es la tragedia de España y de Europa, ayer cristianas culturalmente, hoy sólo quedan unos pocos residuos folclóricos: romerías, procesiones, cofradías, fiestas patronales... pertenencia tan light que no merece llevar el nombre de cristiana.

Los hombres de hoy han perdido la fe en la religión. La religión entendida como montón de mandamientos humanos esclavizantes “cuando la misericordia de Dios quiso que fuéramos libres” dice San Agustín.

Perder la fe en una religión, fenómeno cultural y laberinto farisaico, es justo y necesario.

Perder la fe en Dios, Padre misericordioso, y dejar de seguir a Jesucristo, Buen Pastor, fuente de vida y de sentido es una tragedia.

Hoy hay un gran desinterés por las ideas y en especial por las ideas religiosas. La cultura que nos envuelve experimenta cada día unos cambios tan vertiginosos que la vieja cultura en la que ustedes y yo crecimos ya no existe o sólo existe para nosotros los aquí congregados.

Nosotros, ustedes y yo, sabemos, creemos y proclamamos que Jesús es no sólo el Buen Pastor sino el único Pastor de la Iglesia. Nosotros somos, en cierto sentido, las 99 ovejas de la parábola que no sólo pertenecemos al redil sino que nos identificamos con el Buen Pastor. Nosotros hemos acudido al templo este domingo a escuchar la voz de nuestro Buen Pastor, pero como dice el Papa Francisco “No podemos olvidar que en las últimas décadas se ha producido una ruptura en la transmisión de la fe cristiana en el pueblo católico”. Las nuevas generaciones, adoradores del progreso y de las nuevas tecnologías, de un dios creado por su fantasía, no necesitan ni al Buen Pastor ni a ningún pastor.

Nunca los hombres han sido tan gregarios, es decir tan borregos, como lo son hoy y sin embargo nunca se han creido más autonómos. Sus pastores son pastores de lo efímero y de la moda.

Nosotros sabemos que tenemos que combatir el virus del pecado, ese lobo que nos quiere llevar fuera del redil. No somos del Papa, no somos del Obispo, no somos del párroco, sólo somos de Cristo. Los pastores humanos sólo lo son de verdad si nos llevan al Buen Pastor porque sólo Él tiene la llave de la vida.

Cristo no es propiedad privada de nadie. Cristo es el Pastor sin fronteras, siempre en busca de las ovejas perdidas.
 

Cristo, puerta siempre abierta para entrar y salir, quiere ser el Pastor de esta humanidad deshumanizada y quiere que los pastores humanos no presuman de ser mejores ni más ricos ni más sabios que nadie.

Cristo necesita pastores y seguidores tan identificados con Él que contagien la vida del Buen Pastor a todos los que entren en contacto con ellos.

   
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