AÑO NUEVO, ¿VIDA NUEVA?


Hermano, hermana: 

La Nochevieja no es un invento de la Iglesia,
no es una fiesta litúrgica; pero es una fiesta del hombre 
y es –por lo tanto– también una fiesta nuestra. 
Es una fiesta agridulce, en la que el hombre expresa –sin saberlo– 
su afán de futuro, su deseo de eternidad, 
su esperanza secreta, pero a la vez radical y profunda, 
de resurrección. 


¡Vida Nueva! ¡Si fuera verdad…! 

¡Nueva, siempre nueva! ¡Vida, siempre viva! 
Esta fiesta, este juego, este sueño –a la vez humilde y ambicioso– 
que el hombre eleva a Dios sin saberlo 
es un grito que el Padre escucha 
y que el cristiano entiende. 

Si usted tiene más barriga, pero más corazón;

si usted tiene más arrugas, pero más amor; 
si usted tiene más años, pero menos egoísmo… 
¡Feliz Año Nuevo! 

Si se ha esforzado por ayudar a sus semejantes

y piensa seguir haciéndolo; si levantó a los caídos 
y escuchó a quienes necesitaban explayarse con alguien; 
si visitó al enfermo y compartió con el necesitado; 
si gastó 365 días en ayudar a su prójimo en lo que podía, 
si intentó ser bueno, una y mil veces, 
aunque no siempre lo consiguiera… 
¡Feliz Año Nuevo! 

Hermano, hermana:

Cristo es nuestro tiempo, Cristo es nuestro futuro. 
Cristo no juega con nosotros cuando nos dice

con toda la seriedad del mundo: 
"Este es el tiempo de la gracia. 
Hoy es el día de la salvación, porque yo estoy en medio de vosotros, porque no me he marchado; 
porque mi gracia es más grande que el tiempo, 
porque mi amor es más fuerte que la muerte". 

Hermano, hermana:

Aunque no seas todo lo bueno que querrías,

aunque el futuro económico se presente sombrío,

Cristo es el Señor del tiempo y de la historia

y nunca te dejará de su mano.

Si crees esto, 
¡Feliz Año Nuevo! 

   
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