Eutanasia, el arte de eliminar la vida  

La Eutanasia se legalizó en Holanda en 2002 y desde entonces los muertos por eutanasia se han triplicado. Se siguen ampliando sus márgenes poco a poco, sobrepasando todos los límites de la ética, de la justicia con los excluidos, enfermos y mayores, y de la buena práctica médica.

Ya en el 2003, un ministro italiano afirmó con crudeza que “la legislación nazi y las ideas de Hitler están resurgiendo en Europa, en Holanda, a través de la eutanasia y el debate sobre cómo se puede matar a los niños afectados por patologías”. No le faltaba razón.
En este colectivo de desechables se encuentran las personas mayores, los niños (incluidos los no nacidos) y los jóvenes. Por un lado las personas mayores, que se sienten apartadas de la vida cultural, social o en una residencia de ancianos, a veces sin que ni siquiera sus hijos les visiten. Dicen que están tristes o cansados de su vida. ¿Cómo no van a estar tristes?… Pero, ¿esto justifica matar a los padres que nos dieron la vida, la experiencia, y todo su cariño? El cansancio vital es un problema social que debemos encarar. Y no sólo en las personas mayores. Ahí tenemos también el suicidio en los países como el nuestro como una de las primeras causas de muerte entre los jóvenes. Aquí no hace falta aplicar la eutanasia.

En Bélgica, el médico puede decidir si un niño es lo suficiente maduro o no para tomar la decisión de acabar con la propia vida. Algunos podrán elegir morir, mientras la propia ley aún les prohíbe conducir, contraer matrimonio, votar o beber alcohol hasta que cumplan los 18 años de edad.

Las campañas manipuladoras a favor de la eutanasia van dirigidas a atrapar al gran público por el sentimiento de una falsa compasión. Parten siempre de un caso límite, de gran impacto emocional, al que se da máxima publicidad. Es en base a estas campañas por lo que las encuestas señalan que un 85% de los holandeses apoya esta ley, incluso a sabiendas, de que la ley no se aplica con rigor y se sobrepasan los límites que ella misma marca. Observamos que los países en los que se promueve la eutanasia son normalmente, países con muy alto nivel de vida: Bélgica, Holanda, Canadá (es escandaloso que UNICEF Canadá lo acepte también).

El programa de eutanasia en la Alemania nazi, dirigido por Karl Brandt, no comenzó en los campos de concentración. Comenzó con los médicos en los hospitales y sus primeras víctimas fueron 6.000 niños que fueron asesinados por motivos supuestamente compasivos. Ahora mismo hay millones de seres humanos que han sido lanzados a un limbo de indefensión.
Se considera que hay seres humanos inferiores, desechables, cuya vida no merece la pena ser vivida. Seres humanos que nos recuerdan la debilidad en nuestra propia existencia. Con estas y análogas medidas se pierde el sentido de nuestra propia debilidad. Acabamos aceptando que no podemos ni debemos asumirla, y pensando que no tienen sentido nuestras limitaciones. Se pierde el respeto a la dignidad inalienable de la vida humana.
Estamos ante una cultura que trata de gestionar la vida humana para que sirva eficazmente a los objetivos del poder. Se está defendiendo un orden político salvaje basado en la ley del más fuerte. Se alimenta así un sistema con evidentes tendencias totalitarias regido por el afán exclusivo de ganancia.
Sin embargo, el ser humano lleva inscrito en su ADN la vocación al amor, a la solidaridad, a la vida. Defender la vida humana, en cada una de sus fases, en todas las circunstancias sin excepciones, es luchar contra el totalitarismo, contra el neocapitalismo. Cada vida humana es en sí misma una fuente de esperanza. ¡Debemos parar esta barbarie!

Editorial de la revista solidaria Autogestión nº 121

   
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