Concluida la octava de Pascua la Iglesia celebra hoy con la alegría de la Resurrección, la solemnidad de la Anunciación del Señor. En la celebración recordamos con gratitud la plena disponibilidad de María, que quiso acoger de una forma gratuita y generosa la vida de Dios como un don, a pesar de las dificultades. Celebrar y recordar esta apertura del corazón de la Virgen al designio divino nos mueve a imitarla para acoger, celebrar y comunicar al mundo la alegría del Evangelio y promover una cultura de la vida.

Con el lema Educar para acoger el don de la vida los cristianos somos invitados este año a reconocer con profundo asombro el don de la vida, así como a testimoniar la esperanza de la vida eterna que se nos ha comunicado con el don del bautismo.

   
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